Editorial


Levanta la Voz






Mayo parece ser siempre un mes extraño. Presenciamos en cadena nacional la cuenta anual de gobierno, con la esperanza ingenua de que esta vez el mensaje Presidencial cambie todo, que realmente se pongan los puntos sobre las ies. Pero como siempre terminamos cabizbajos, con la impresión de haber asistido a una fiesta de “irreconocibles desenmascarados”, mientras la tribuna, atestadas de cortesanos, aplaude ciegamente y los gritos desesperados son callados con un “exijo respeto”.

La sensación de amargura en la garganta (y más que todo en conciencia) pesa a mares, obliga a frotarse los ojos ante la perplejidad y preguntarse ¿Cómo la miopía y la soberbia pueden más que un pueblo entero?, y la respuesta parece palpita dolorosamente en la falta de organización, en barroco de nuestros representantes, y en la falta de civismo punzante, que enmudece lastimeramente las voces de una sociedad civil cada vez más marchita.

Es por esto que se hace impetuosa tu participación, abrir los ojos de una buena vez y exigir lo que es justo, lo que es de todos. Salir de la caverna a demostrar que estamos presentes, que nuestra opinión vale, y no digo con esto disfrazarnos de lumpen apoyando una leva de destrucción injustificada (que algunos intentan mostrarnos como insurrección), sino que aprovechar de manera conciente y responsable los diferentes (aunque insuficientes) canales de expresión, y quitar al fin los velos de una sociedad tapada de vicios.

Revista Toga “Contra el elitismo intelectual”, esta abierta para que levantes la voz, golpees la mesa y te pronuncies sobres los temas que crees importantes, creando una ventana (aunque modesta) para la toma de conciencia y posición, para así intentar hacer de este región, país, o mundo un lugar mejor.
Para esto en esta edición hemos incluido algunas novedades, como las caricaturas y humor grafico de “Cruz”, nuevos columnistas y colaboradores, cambiamos nuestra apariencia, todo esto acompañado de las siempre acidas colaboraciones de nuestros columnistas permanentes.

Así que a pronunciarse se ha dicho, a gritar y manifestarse sobre lo que creemos justo, porque si escarbamos juntos, estamos seguros que podremos mover… cualquier montaña.





Edición

Revista Toga
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La Neomedievalización de la Posmodernidad y la Criminalidad Chilensis

Por Diego Mandiola Grecco

Mientras observo los fenómenos, que últimamente, copan los atiborrados medios masivos de información, en lo relativo a los cultos religiosos, a la megaconcentración de poderes económicos y al siempre presente recrudecimiento de la delincuencia en los noticiarios, más, se corrobora, una idea que vengo construyendo desde hace algún tiempo.
La realidad hoy en día, muestra un pastiche, consecuente en el desarrollo de una sociedad cada vez más primitiva y vulgarizante, reflejada en dos caras de una misma moneda. Una, la faceta en que la mundialización galopante y sonante, aflora como quimera de los “tiempos modernos”, con su sociedad de la información pero no de la educación, y la otra, la globalización de los mercados a cuestas, paradigma del “momentus” tecnologizante y comprante. Un “progreso” que en su conjunto, tiende a conformar una statu quo, en el cual, los referentes políticos ligados a lógicas de mercado, van originando una “patrimonialización del feudo”, que se traduce, en reserva privada del capital económico y cultural de una elite, que se vuelca a la defensiva en vista, de una sociedad pululenta y hostil, bárbara.

Es decir, la paradoja de los tiempos modernos, es que mientras más avanzamos en la “modernización”, en los sistemas económicos que tienen relación con el auge del progreso material y liberalización del mercado, más retrocedemos en la “modernidad” de nuestras culturas democráticas. ¿Qué nos está pasando?, ¿estamos avanzando desencajadamente como un “cuerpo”-sociedad-, hacia adelante, pero con la “cara”-gobierno-, mirando hacia atrás?, ¿que significa este desencaje? y ¿por qué?.
Progresar en la Historia, además del “soporte material”, es avanzar en política, cultura inmaterial, al servicio del “bien del hombre”, del ciudadano y de la persona. Es decir, una sociedad, que avanza con organización, representación, espíritu y pensamiento, para potenciar lo que es común a todos, es decir, los derechos inalienables como “sociedad moderna”, con lo que según el Profesor Patricio Carvajal, son las cuatro generaciones de bienes en Derechos Humanos.
[1]
La cultura política, entonces, tiene relación con aquel espacio patrimonial, que por tribal, “doméstico”, moral del mismo “cuerpo” colectivo-humano, cultivo donde lo individual se amalgama en un común denominador, el Estado-sociedad.



Hasta aquí todo bien, el asunto, es que para que ese cuerpo funcione, necesariamente, tendría que ensamblar con una “cabeza perfilada”, que dirija el rumbo, un “faro”, que, entre aguas torrentosas, ilumine el “bien común”, un Estado de derecho, y no de “pertrechos”. Entendámonos, una cosa es concebir a la sociedad como un ente “positivo” que progresa con un objetivo común, es decir, lo que hoy representado por el “libre mercado”, y otra es comprenderla desde el interés público sobre el privado.
La problemática se visualiza en torno al eje democracia-economía liberal en Chile, entre una y otra, divergencias de fondo y contenido, entre esta y aquella, disfunciones de ser y vivir en esta sociedad. Mas aún, la cosa se complica cuando el concepto “democracia” se relativiza o posmoderniza, encarnando un significado “polivalente”, es decir, puede significar democracia orgánica, económica, social, jurídica, popular y liberal.
[2]
Es ésta última acepción la dominante hoy en día. Como comportamiento económico, “utilidad”, en cuya mentalidad de acción económica, que está dirigida a maximizar una ganancia, un interés material,
[3] nada más, y nada menos, categoría de lo útil, de lo deseado.
Hay que distinguir, aún cuando no se da en política, un comportamiento que tenga características de uniformidad asimilables a las de los comportamientos morales y económicos y quizá, esta es la cuestión: el término “político” no tiene que tomarse al pie de la letra. No indica un tipo particular de comportamiento, sino un nivel, un contexto. Los denominados comportamientos políticos, son comportamientos calificables en la misma medida que todos los comportamientos no-morales: es decir, calificables en función de aquellos ámbitos que se adscriben al “sistema político”.
[4]
J. Althusius, uno de los precursores del pensamiento liberal en el siglo XVII, se refiere a ese “sistema”, como un espacio simbiótico, asociación de individuos distintos que viven juntos y se favorecen mutuamente en su desarrollo, simbiosis en donde “la política es el arte de unir a los hombres entre si para establecer vida social en común, cultivarla y conservarla, por ello se llama simbiótica unión. Así pues, la asociación propuesta de la política, es aquella con la cual por pacto expreso o tácito, los simbióticos se obligan entre si a comunicación mutua de aquello que es necesario.
[5]
La “globalización”, que impera hoy en día, se mitifica como diosa “Jano”, emblema del progreso, y carro de la victoria del neo-positivismo rampante. Actúa así como bálsamo político, para justificar las acciones económicas, manipulando los intereses privados por sobre los públicos. Asi los grupos corporativistas que operan dentro del Estado, consolidan poderosas “elites” o “grupos de intereses” y van expandiendo “sus redes de patronato y sus fortunas personales”.
[6]
Ya es más que conocido, que en Chile la riqueza del país se las dividen al menos 10 o 12 familias, que se desenvuelven en verdaderos grupos o “ghettos” económicos. Más que perder uno u otro “dinerillo”, se embarcan en “tranzas”, especulaciones de mercado, para anticipar quien dará el gancho de derecha o izquierda en las acciones de la Bolsa en día lunes. Acciones, de empresas que tras los “holdings” y “consorcios” representan verdaderos bloques Oligopólicos, en donde el libre mercado, o “mano invisible” tiende a monopolizar al “sistema político”. Asi el Estado, conforme a la lógica de los tiempos “privatiza”, bienes públicos para “neo-liberar” aún mas el mercado, y los “imput” de multinacionales y otras.
Pero, lo que no se dan cuanta, o definitivamente, no entienden, es que estos mismos mega-empresarios (y con ellos el Estado), que además de constituirse como entes “supranacionales”, de igual forma, son parte de un mismo sistema político, simbiosis, comunidad o red interdependiente de unos y otros.
Así mientras mas, se acrecienta la brecha entre ricos y pobres, entre “equidad” e “igualdad”, entre “pobreza y marginalidad”, más aumentará la cesantía y por ende la masa de población flotante, que busca trabajo en los centros urbanos o polos de desarrollo, presión y des-marginalización social que se traduce en las ya abundantes “tomas de terreno” (porque el estado no tiene la “capacidad” de sustentar el derecho de vivienda) circundando la periferia, o los “espacios” en donde, se ubican sus mega-casas, y con la consabida problemática socio-delincuencial que esto trae.
Asi en vez de rejas, tendrán que construir verdaderas “murallas feudales”, y en vez de guardias privados, tendrán que contratar eventualmente “ejércitos de mercenarios”, que (ante la ausencia del Estado por no tener voluntad política para controlar los procesos de anomia social), lidien ya no con delincuentes o “lumpen-proletarios”, sino con verdaderas hordas de “bárbaros que azotan lo común civilizado”.
Es la lógica, sistema social y sistema económico, asimilable como conducta y sistema político de hoy, deviene mi pregunta otra vez, ¿progreso o retroceso?, ¿en que siglo con-vivimos?, ¿en el XXI o la Edad Media?.
Democracia y liberalismo, más bien democracia y sistema liberal, se han confundido en sus conceptos y supuestos a lo largo de la historia. Sociedad e individuo, masificación de la política o “elitización” del mercado. Pareciera ser, que cultura política y democracia liberal se dan la mano, pero con los dedos cruzados. Pues entre la conveniencia del discurso democrático como política de Estado por un lado, opera la ganancia como interés privado, individualizado, por el otro.
Los ejemplos están a la vista, mientras más progresamos como país “desarrollado” con una tasa de crecimiento que llega a niveles “descentes”, (cerca del 5%), más ofertas de licitaciones en infraestructura vial nos agraciamos. Que importa lo de las “privatizaciones”, si gracias a ellas podemos utilizar sin contratiempo nuestro último “modelito”, las estupendas carreteras, a nivel de los países del primer mundo, están para eso. Pero mientras, más damos licencia al “libre mercado”, más nos llena de tarifas, hasta ya no poder pagar los peajes que por “barato” que sean, suman y siguen sumando, otra vez la cultura política, como ventaja de unos, y utilidad de pocos.
No es que se está, en contra de los progresos inherentes de la misma sociedad posmoderna de cual somos parte, pero otra cosa, es “pensar públicamente”, distinguir entre un estado que posee empresas que van rumbo a una regulación estatal, y la de un estado que mira el modelo del sector privado como desarrollo a ultranzas,
[7] momificado ante los “brillos” del verde papel que brinda la modernización como incremento y pero no como sustento.
Ahora bien, ante el sostenible aumento de la violencia y la criminalidad, la agenda política, suele preocuparse del problema de la delincuencia, pero la cultura política, es castigar y construir cada vez más y mas cárceles, ¿porque en vez de la tendencia de difundir la prevención, como método de educación y equidad para los más carentes de sociabilidad civil, se justifica la violencia y los medios represivos como remedio punitivo?.
Lo patético es que la realidad esta ahí, a la vuelta de la esquina, porque en vez de construir más escuelas o centros de instrucción pública, se gasta “billonadas” en verdaderos “juguetitos” de guerra como los adquiridos últimamente por el Estado chileno, para defender una política de defensa.
Mi pregunta, es ¿ante quien?, ¿cuál es nuestro enemigo ahora?, ¿un país vecino (el gas) o nosotros mismos (la riqueza)?. Para progresar, hay que revisar la historia, porque nos va dejando la huella, el sendero por donde transitar, para no caernos al despeñadero.
En el Siglo XIX ante el avance territorial de la república Chilena, la economía-salitrera, se transformó paradójicamente en “guerra del pacifico”, economía y poder, se unían con un fin, el progreso material, para conformar un ideal nacional, de “potencia” ante el enemigo externo, construcción cultural de la ya célebre frase del “vencedor, jamás vencido”. Un mito, que hasta hoy en día alienta al ejército y sus comandantes, lógica Schmittiana, al distinguir a la política como aquella a la que pueden reconducirse todas las acciones y motivos políticos, en la distinción de amigo y enemigo. Con ello, estos conceptos, adquieren su sentido real por el hecho de que están y se mantienen en conexión con la posibilidad real de matar físicamente.
[8]
El enemigo, nuestro enemigo interno, por ejemplo, como el individualismo extremo, trasciende en Chile en “la cultura del desprestigio”, del “chaqueteo”, ¿por qué?, es un síntoma dentro del carácter del típico chileno que prejuicia, generalmente fundamentado por “habladurías” de tipo “periodísticas” u otras “fuentes”.
Es el morbo, que como “peso de la noche”, opera como tranquilizante de las demandas sociales y civiles de la comunidad política. Estatus, e imagen, como cultura “chatarra”, al no consolidarnos como sociedad civil, como política y como cultura.
José Victorino Lastarria, fiel representante del pensamiento liberal chileno de mitad del Siglo XIX, en su célebre “manuscrito del diablo”, describe a la envidia chilensis como aquella “virtud” fuertemente arraigada en el inconsciente colectivo.
Asi, “cualquiera que vea a los chilenos vestidos a la europea, con su aspecto serio, sus modales cultos, su oficiosa hospitalidad al extranjero, cree hallarse en un pueblo civilizado y cristiano, como cualquiera otro; así nos imaginamos que viven en armonía y en relaciones intimas las arañas, cuando las vemos cruzar sin estorbarse, porque no conocemos la guerra civil en que perpetuamente viven empeñadas…mas es necesario, no dejarse alucinar: así como el mayor enemigo que tiene la araña es el individuo de su especie, el chileno no tiene un enemigo más implacable que el chileno mismo. Cada uno de ellos es enemigo de todos, todos son enemigos de cada uno”.
[9]
Categórico y visionario a la vez, Lastarria, ya a mediados del siglo XIX nos estaba alertando, de nuestros fantasmas, miedos, desconfianzas, “valores” internos para la practica de la utilidad y beneficio privado, y para la malformación de nuestra elite, que como aristocracia-latifundista, cosmopolita y “globalizante”, le da vuelta la cara a su cuerpo nacional, mestizo, chileno.
Asi este grupo económico pone en acción todos los medios sociales en cuanto le conviene a su defensa y conservación: arrogándose la tutela del pueblo, manifiesta, desear mucho progreso, pero no hace jamás por él todo lo que desea…posesionada como está del gobierno, muestra propender al engrandecimiento y respetabilidad de la nación, pero cifra el engrandecimiento en el orden, y hace consistir el orden en conservar todo lo que existe, en no reformar y en no admitir nada nuevo ni en ideas, ni en administración, ni en política, ni en personas.
[10]
El hombre aprendió lentamente, a través de siglos, a romper la síntesis absoluta que constituía su mente, y a adoptar conceptos disociados de él mismo y de la mentalidad colectiva que lo rodeaba protegiéndolo, pero también limitándolo y aprisionándolo
[11]. Son estas fuerzas las “celdas” de poder, las que nos encierran u obnubilan en perpetuar modos y comportamientos anacrónicos a los progresos técnicos y modernizantes de hoy, pero es desde nuestras sociedades, en donde la libertad de entendimiento y el cultivo, la simbiosis política, la que nos otorga el significado histórico del hombre por el hombre, del ciudadano por la persona, y del individuo por la sociedad.

BIBLIOGRAFIA
1.-Althusius, J, Politica, (Lib.I)
2.-Bianchi, Robert/Sherrie, Kossoudji, Interest Groups and Organizations as Stakeholders, Nº5, Junio, 2001.
3.-Blázquez, Feliciano, Diccionario de las Ciencias Humanas, Ed.Verbo Divino, España, 1997.
4.-Lastarria, Jose Victorino, El Manuscrito del diablo, en, Hernan Godoy, Estructura Social de Chile, Universitaria, Chile, 1971.
5.-Mellafe, Rolando, La Memoria de la América Colonial, Universitaria, Chile. P.78
6.-Schmitt, C, El concepto de lo politico.
7.-Sartori, Giovanni, Elementos de Teoría Política, Alianza, Argentina, 2002.

[1] Es decir, en lo político, la libertad de conciencia; social-económico, el Derecho al trabajo, educación, salud y vivienda; en lo cultural, salud mental de las personas; en lo etico-(medioambiental), relación con la sustentabilidad como bien garantizado por toda la población, y por ende, no pactable con el interés económico primitivista.
[2] Blázquez, Feliciano, Diccionario de las Ciencias Humanas, Ed.Verbo Divino, España, 1997.P. 103
[3] Sartori, Giovanni, Elementos de Teoría Política, Alianza, Argentina, 2002, P. 214
[4] La noción de sistema político, según G.Sartori ha sido profundizada y teorizada por D. Easton, especialmente en A Franmework for Political Análisis, Englewood Cliffs, Prentice Hall, 1965 (trad. Española, Esquema para el análisis político, B.Aires, Ed.Amorrortu, 1969), y A Systems Análisis of Political Life, N.York, Wiley, 1965. Cfr. G, Urbani, L’analisi del Sistema Político, Bolonia, Il Mulino, 1971, ver nota, Ibidem. P.215
[5] Althusius, J, Politica, (Lib.I)
[6] Bianchi, Robert/Sherrie, Kossoudji, Interest Groups and Organizations as Stakeholders, Nº5, Junio, 2001.
[7] Bianchi, Robert/Sherrie, Kossoudji, Interest Groups...op.cit. P.2
[8] Schmitt, C, El concepto de lo politico.
[9] Lastarria, Jose Victorino, El Manuscrito del diablo, en, Hernan Godoy, Estructura Social de Chile, Universitaria, Chile, 1971. P.193
[10] Ibidem.P. 198

[11] Mellafe, Rolando, La Memoria de la América Colonial, Universitaria, Chile. P.78

La razón de Estado

por MARIO FUENTES ROMERO

Secretario General Centro de Alumnos de Derecho

PUCV


Entonces el joven le pregunta al padre ¿qué debo realizar para alcanzar el éxito? Y el padre aconseja e impone claramente el rito basado en el equilibrio de las cuentas corrientes internas y externas del individuo, porque la realidad ha creado una pared entre el hombre y la comunidad, porque ya sólo existe el bien común propio, y la cosa pública es trabajo, o privilegio de unos pocos, porque ya no alimenta el hogar ni el éxito de la familia, porque la cosa pública ya no es pública sino privada, privada de la libertad de ser libre, privada de la sin frontera de alcance social.

Los griegos no creerían tal cosa, el mismo Aristóteles en persona nos repudiaría, y más aún Platón al comprobar que siglos más tarde la polis sigue perteneciendo a los Sofistas y no a los filósofos. Acercándonos a la Inglaterra de Enrique VII, Tomás Moro, bajo la visión de Rafael Hitlodeu, en su obra “Utopía”, hubiese insistido en la colaboración de los sabios para el fortalecimiento de la cosa pública, aunque, dicho sea de paso, tal isla, como su nombre lo indica, es un sueño de hombres de buena fe.

Bajo el teocentrismo la cosa pública la construye la divinidad católica, que no admite fe en contrario, ni práctica estatal no seguidora de los dogmas, pero si admite con toda razón y crudeza el uso de la fuerza en defensa de la iglesia, el uso de la guerra por la santísima trinidad. Los humanistas en tiempos del siglo de las luces se sintieron, al igual que muchos hombres de la historia, dueños de la verdad y de la razón, pero sembraron el egocentrismo y el individualismo que años más tarde seria reemplazado por Marx, en su política de Igualdad sobre Libertad.

Entonces nos preguntamos ¿Cuál es la razón de Estado?; la libertad, la igualdad, la dignidad, el crecimiento económico, la distribución de la riqueza o el bien común. Un ilustrado republicano respondería con gran convicción: “El Bien Común”.

Frente a esto se genera una gran e importante interrogante que la historia no ha resuelto, o al menos quienes están llamados a la búsqueda de esto no lo saben, ¿Qué es el bien común? ¿Quién determina el bien común?

Ante esto recojo las palabras de Aristóteles, que planteaba que el fin último al que se orienta el hombre es a alcanzar la felicidad. Pero ¿Dónde se encuentra este bien supremo? Hay quienes creen que la felicidad radica en la libertad individual, vale decir, en el éxito privado. Habemos otros que consideramos que la felicidad no la constituye tan sólo la esfera del mundo privado e individual, sino además la encontramos encarnada en el bienestar del mundo público. En este sentido considero que los jóvenes tenemos una gran misión por delante, más allá del hecho de poseer un titulo profesional, más allá de convertirnos en seres poderosos, sino más bien, creo que estamos llamados a construir, a hacer de lo ordinario lo extraordinario, a construir en base no sólo a denuncias sino también a proposiciones. Lamentablemente veo en este punto una sociedad civil de jóvenes debilitada, puesto que para muchos, ser joven hoy significa tomar las “grandes decisiones de la vida”; cuestión que es completamente legitima, pero insuficiente, si realmente creemos que las cosas pueden ser mejor.

Quisiera terminar planteando una interrogante que he meditado por largo tiempo y que ha sido fruto de grandes discusiones junto a un poco de café y cigarro, ¿Cómo hacer entender a los jóvenes de hoy, que la felicidad no sólo está en la libertad personal, sino también en la libertad de la república?

“… veo la tierra prometida” Martin Luther King

Sobre el Humano y su Nicho Ecológico en el Planeta

por Plazza


Durante años se ha polemizado acerca de la actuación del hombre en el planeta Tierra, de la entropía negativa que produce, de su lugar en la escala trófica, del

rol que éste debe o debería tener dentro del planeta en cuanto a la naturaleza. El nicho ecológico es justamente, nada más ni nada menos que eso, en palabras más simples; el rol en cuanto a “la sociedad de la flora y la fauna”. Así como un pez pequeño come el plancton, y éste es devorado por un pez de mayor tamaño, su nicho ecológico seria regular el número de

plancton en el mar y además servir de alimento para el pez mayor. A diferencia del hombre, pareciera, por lo menos para los humanos, que todos los animales y las plantas forman en conjunto un mágico equilibrio que solo puede ser destruido por el humano; que el humano es el único animal

que se desajusta a la magia de la naturaleza, ya que es capaz de extinguir especies, de modificar la geografía (a gran escala) significativamente, y hasta de cambiar el clima (calentamiento global); ¿los caballos provocan lluvias ácidas?, ¿las vacas deterioran la capa de ozono?, ¿los delfines asesinan a animales en serie, manteniéndolos cruelmente vivos hasta su muerte?, éstas son preguntas que se hacen los bobos en cuanto al nicho ecológico del hombre en la tierra. Al ser tan trascendente el accionar humano en el planeta le llamaré “agente de cambio”.


Hablando a mayor escala, se dice que el Universo está en constante cambio, es decir que hay un ente o agente de cambio que produzca tal, como pueden ser la leyes físicas (aunque solo sirven para predecir el cambio, pero muchas veces no para entenderlo por completo). A menor escala las galaxias cambian, se mueven, contraen, estiran, etc., en todo aspecto la existencia pareciera estar cambiando, debido a agentes que la agitan. Nuestro Planeta desde un comienzo ha estado cambiando, modificando su contextura, su composición, su clima y vida. Quizás la cercanía con el Sol, o materia extraterrestre caída al sistema abierto que es nuestro planeta, fueron siendo

agentes de cambio en su debido momento produciendo la vida finalmente, como la que hoy conocemos; flora, fauna, climas distintos, una geografía tal etc. ¿Pero este modo de vida, este sistema, esta biodiversidad, clima, geografía, etc., quedará igual para siempre, sin modificación alguna?, ¡Por supuesto que no!, la historia de la materia terrícola nos revela un cambio constante al igual que en todo aspecto universal, pero si esto es así, ¿Cuál será éste agente de cambio?, ¡El ser humano! ¡El clima, la geografía, la biodiversidad, la composición y todas las características del planeta no podrían estar así para siempre!


El ser humano ha ejercido tal impacto en nuestro planeta que no cabe duda que el clima y la geografía están siendo (y serán) modificados drásticamente, debido al efecto invernadero, causado por la despreocupación y el egoísmo humano. Además, por nuestra intervención, distintas especies del reino animal y vegetal han desaparecido, al ser el humano un animal demasiado superior en los niveles tróficos (sin contar algunas excepciones), sumado al numero descontrolado en que este se reproduce. Al igual que la teoría del cambio, en el que un todo A, es afectado por un agente B, los cuales terminan modificándose para crear el todo C, nuestro

planeta esta siendo atacado por el tumor del animal humano, agente de cambio preponderante en la Tierra. ¿Qué hacer con este malhumorado animal?; ¿controlarlo?, ¿contenerlo?, ¡castigarlo!, nada de eso, el humano no puede hacer nada con el humano porque paradójicamente es humano. Pondré un ejemplo: algunos animales están próximos a extinguirse; ¿cual es la reacción del humano ante esto? Al ser el humano el agente de cambio se pronuncia de distintas formas.

Una porción de estos animales intenta preservar la naturaleza, se organiza, gestiona … pero otra porción actúa motivada por diversos intereses y ejerce el efecto contrario sobre los animales próximos a extinguirse; el efecto, la modificación producida por el agente es nada más y nada menos que el coeficiente de la balanza entre los defensores y los motivados por otros factores. Nada puede controlar y guiar en solo una dirección al humano, por lo menos NO un humano…
El agente cambia. En cuanto al calentamiento global y a la modificación de la geografía y clima del planeta, ¿hasta qué punto el ser humano destruirá el planeta?, bueno, por lo menos en relación a las condiciones óptimas de vida para el humano, ¿se destruirá por completo?,

¿desistirá alguna porción de fuerza destructora, al darse cuenta de que el cambio significa su destrucción, y gestionará por la preservación? ¿Hasta qué punto, si es que el humano desiste un tanto para no acabar con toda su especie, quedará reducido el impacto de éste agente de cambio humano sobre la Tierra a futuro?… quizás a muy poco, casi nada, ya que quizás solo un puñado de ejemplares sobrevivan …


Todo esto es como un golpe, un golpe muy fuerte que nos deja más que claro nuestro rol en el planeta, un poco más importante que otros, por su incidencia (aunque no se puede prescindir de ninguno en realidad), pero nunca más importante que eso, que un simple y común agente de cambio. Entonces el golpe, el golpe muy fuerte no le llega a “espíritus libres (…)” , sino los hombres que dudosamente enfrentan la realidad, producto de la poca cultura reflexiva en el grueso de la población.; ellos están propensos a sucumbir, tendiendo en muchos casos a ideales ascéticos que no necesitaron antes (y que no se adecuan a sus costumbres, “mañas”, transformándolos en bestias enfermas reprimidas)
Acá decidimos nosotros, vivimos nuestra existencia sanamente, higiénicamente saciando nuestras necesidades y tendencias innatas (luego de un examen interno detallado y riguroso), vivimos apasionadamente un ideal ascético (mientras la convicción sea tal, que nos quite el sueño), o nos degeneramos como la mayoría de estos tristes animales, nihilistas, narcisistas, reprimidos, atolondrados… alienados, ... maniacos.

¡Y estimulamos el cambio!

Nuestro tiempo y la Televisión.

por Luis Chasca Black


Aquí me encuentro en soledad una vez más y por esas casualidades de la vida (en realidad no tan casual), tengo un computador cerca, en mi dormitorio y me han dado ganas de escribir. El asunto radica en que me encantaría hablar de tantas cosas, tantas que no se por donde empezar. Mientras la TV. encendida, programa “Cold Case” y en el Winamp de mi ordenador suena Depeche Mode y su gran hit Enjoy the Silence, me doy cuenta que en realidad nunca puedo disfrutar del silencio, como realmente quisiera.

Los lapsos de tiempo, suelen aprovecharse de alguna manera y ya que no pude concentrarme en la Serie, ni en la canción, preferí dejarlas de fondo, para que sea la fuente de inspiración de esta mezcla de tiempo y televisión, en un intento - que con el tiempo sabré si fue certero o fue en vano- por aproximarme a descubrir mis dotes de escritor frustrado.

Mientras nos vemos rodeados de siliconas por doquier y lo carnal netamente implícito, farándula barata como en porquerías de programas de TV, llámese Morandé con Compañía, SQP o Mira quien habla, me doy cuenta como cada día el morbo de la gente aumenta desconsiderablemente. A tal punto de “Necesitar” saber sobre lo que le pasa a otros en su vida privada, si salió a bailar con el futbolista o con el dueño de una empresa, si el Chino Ríos se “comió” a otra fémina, si la Marlen por fin terminó con el Dueñas, que lata!!. Incluso a veces hasta en los noticiarios le dan portada a este tipo de fenómenos. Para que hablar de la prensa escrita. Se entiende (lo que no se justifica), que eso es lo que vende. Pero no nos damos cuenta el daño inmenso que le hacemos a nuestra sociedad con esto. La degradamos, la degeneramos e incluso nos desintegramos.

Me refiero a que, la sociedad se torna cada vez mas “copuchenta”, “intrusa”, faltan los calificativos…La gente debería preocuparse de asuntos mas preponderantes y dedicar este tiempo perdido en la educación de sus propios hijos, o en vez de evadirse de sus propios problemas viendo como el resto se hace millonario a costa de los propios.


Si tan solo esa hora que se desperdicia en ver farándula mañanera, se utilizara en guiar a nuestros niños, la tan cliché frase pero cierta “el futuro de este país”, notaríamos un gran avance, no solo como sociedad sino también al interior de las familias. Se logra un nexo mayor, un vínculo mas fuerte, una unión que en el futuro, los ahora pequeños, lo agradecerán.

Como sociedad, mejoramos, en el sentido de que poco a poco venceríamos esa tan fea cualidad de ser copuchentos, e intrusos, si la sociedad avanza, el nivel cultural, la moralidad evoluciona, se abren las mentes, mientras que al ver farándula se cierran y se menoscaba ya que tendemos a criticar a otros sin darnos cuenta de cómo estamos actuando nosotros mismos, estamos descuidando nuestros propios problemas – porque no me vengan con que nadie tiene problemas- es más, nuestras propias vidas. Realmente

¿Tiene más importancia la farándula que nosotros mismos? Creo que la respuesta debiera ser unánime.

Como familia, ya lo explicaba, se avanza en la unión y en la creación de lazos afectivos mas fuertes, siempre y cuando el tiempo que antes era desperdiciado se utilice en algo provecho, por ejemplo en aconsejar a los pequeños, en escuchar sus sueños, metas, deseos. Eso genera un vínculo de amistad, en la relación familiar con los pequeños. Está claro que esa confianza, no es fácil lograrla, pero no imposible, sólo falta dar los pasos y ahora es el momento de hacerlo.

La vida es tan corta y susceptible, no valoramos los pequeños momentos, porque nunca pensamos que nos puede tocar, vemos tan lejos nuestra partida, que ello en el momento no nos preocupa, pero si tan solo supiéramos que el día de mañana se nos acaba la vida, empezaríamos a buscar la forma de hacer todo lo que no hicimos antes y que es lo primero que llega a la mente “NO HABER COMPARATIDO LO SUFICIENTE CON LA FAMILIA”, quizás nadie se acordará que esa horita que vimos farándula, pudo haber sido provechosa.


Tíldenme de exagerado, de extremista, lo que se desee, pero se que en el fondo de sus mentes, me encontraran la razón. Quizás tampoco me encuentren razón ahora, pues tal vez no lo hayan vivido, pero les digo, si no creen ahora, ya lo comprobarán ustedes mismos. La realidad siempre suele ser abrumadoramente diferente, es triste, provoca impotencia y lo peor de todo es que ya es tarde para hacer algo al respecto.

Quisiera ser un mago y solucionar muchos problemas que no debieran existir, pero de momento, sólo quiero que la televisión, le de importancia a lo que realmente tiene importancia, la pobreza en nuestro país, la realidad de los campamentos que aún existen, el cierre de escuelas públicas por falta de recursos, etc. Porque ya está llegando el invierno y ahí es cuando se acordarán de ellos, cuando están inundados hasta el cuello, el barro llega hasta las rodillas y los hospitales colapsan; cuando necesitan provocar pena en el receptor para que éste acuda en ayuda de los más necesitados (no estoy en contra de ayudarlos), sino en contra de los mismos medios que nos nublan el pensamiento y nos hacen creer que está todo bien en el país; en vez de utilizar de buena manera el poder que tiene de influir en que el gobierno actúe a tiempo en la prevención y solución de estos problemas patentes… La televisión desperdicia su poder, desperdicia el tiempo, y hace desperdiciar a la población el suyo, pero más culpable es la población de seguir nublándose a sí misma y no ver mas allá de lo que quiere ver…

Quisiera abrir mis manos y ayudar a tanta gente, apretar un solo botón y que se borren miles de problemas, quisiera hacer feliz a tantos niños, quisiera darle de comer a tanta gente que muere de hambre, quisiera sanar a tantos enfermos, quisiera acabar antes de tiempo las colas invernales en los consultorios y hospitales, quisiera arreglar de un solo toque el Transantiago, quisiera darle mas trabajo a la gente, quisiera arreglar tantas cosas y arreglar tanto la vida de otros, porque soñar es muy barato y además sé que para arreglar mi vida no me alcanzará el tiempo.

Se regalan sonrisas!

Por Soledad Pardo

Mal día: muchos percances, demasiado mal humor, pocas horas de sueño, el resfrío se hace insoportable, y el frío lo hace aun peor… la mochila pesa hoy más que nunca, aunque los cuadernos son los mismos que siempre. Necesito un cigarro, pero me resisto a fumar; se supone que lo he dejado, y me digo a mi misma que no por haber despertado con el pie izquierdo voy a coartar los pocos días que llevo de mi intento por llevar una vida sana. La micro viene llena, ¿cómo no? Es un mal día, no faltaba más; la paro, me subo, le pago al chofer… ¡oh no! Se me olvidó sacar el pase, ¿donde lo dejé?... está al fondo de la mochila… “al tiro le muestro el pase” – le digo complicada mientras le paso las monedas, tratando de afirmarme de donde podía, y haciendo lo que posible para hacerme caber entre la, por decirlo menos, abundante cantidad de gente que iba parada en la micro. Y entonces el micrero me mira, sonríe, y me dice “No importa, te creo”, al mismo tiempo que me pasa el boleto de $130 . Tal vez fueron cuatro palabras, tal vez el señor no lo noto, y a lo mejor, o más bien, obviamente, el resto de la micro siguió pensando lo que estaban pensando y haciendo lo que estaban haciendo, pero ese momento fue el que hizo un switch en mi mal día: no todo es malo, hay gente con buena disposición… ¡una persona que no conozco me hace un favor!... y de repente me siento mejor, empiezo a reírme sola, me bajo de la

micro pensando en puras cosas lindas. A lo mejor mi humor es muy cambiante, pero me puse a pensar en todas las cosas que podemos hacer así como el señor que manejaba la micro, con un poco de deferencia, de buen trato, y que pueden cambiar el estado anímico de alguien: hacer de un día gris el mejor de los días de verano; hacerle un favor que no cuesta nada a alguien, ni siquiera a alguien que conoces, a un extraño… si te piden cambio de mil pesos, no hacerse el loco y ni siquiera revisar la billetera; si te piden la hora, darla con una sonrisa; si vas a comprar al kiosco, saludar y no simplemente pedir el chocman sin mirar a nadie. A lo que voy es a que hay tantos detalles de los que no nos preocupamos que marcan la diferencia, que es impresionante el cambio que una persona puede hacer con el simple hecho de adoptar una actitud de buena disposición. No digo que todos andemos saltando por la vida repartiendo flores - aunque el que lo tenga a bien que se sienta respaldado para hacerlo, las flores corren por mi cuenta - pero tenemos que aceptar que la gran mayoría de las veces ni nos preocupamos de esas “insignificancias”. Es de esperar que algunos, como yo hoy, andemos de malas y no podamos hacerlo, y por lo mismo aquellos que sí pueden podrían mostrarse favorables a subirnos el ánimo. Yo me he propuesto hacerlo mañana, y el resto de los días en que mi ánimo me lo permita, y hago una cordial invitación a todo aquel que se quiera unir; una sonrisa de un extraño puede valer tanto como un abrazo de quien más amas cuando estás en un mal día; tal vez hasta sirva más… no sé por qué pero muchas veces, en esos días, los que te quieren tienden a decir cosas que hacen todo peor. Esto que planteo sería entonces como regalar abrazos, pero mucho más fácil, casi sin exigencia de esfuerzo, y con ganancias para el abrazante y el abrazado, ¿o no? El transmitir el buen humor nos hace potenciar además el nuestro; las sonrisas no se acaban por muchas que regalemos, más bien se multiplican: en nosotros y en los demás.

Reflexiones en torno a la muerte de un trabajador

por Fernando Arancibia Collao

Los días que nos han acompañado dan cuenta de un hecho absolutamente repudiable: un trabajador de una empresa privada forestal del sur de nuestro país, fue acribillado por funcionarios policiales. La reacción policial tendría su fundamento en que el mismo trabajador, a quien más tarde darían muerte, se hizo con una maquina pesada, usada en la empresa para labores de mayor fuerza, y la utilizó para arremeter contra los funcionarios policiales y sus vehículos.


Empero, el hecho que justificaría a su vez la reacción del trabajador, fue el siguiente: los funcionarios policiales, con motivo de disolver la revuelta, de paso, las arremetieron contra unos vehículos particulares, entre los cuales estaba el del trabajador asesinado posteriormente.

Este último es el hecho que motiva esta reflexión.

Primeramente, se hace menester aclarar que los hechos pueden no ser tal como se los describe aquí. Lo relevante lo constituye la reflexión que de ellos podemos obtener, o mejor dicho, de los supuestos que se tratan aquí. Si bien estos hechos pueden no haberse dado, podrían darse, por lo que la inexactitud de lo relatado como “hechos” no invalida la reflexión posterior.

Los compañeros del asesinado trabajador, señalaron que la enajenación que sufrió su compañero de labores, se debió a que los funcionarios policiales destruyeron su vehículo. Son importantes en este sentido los juicios valorativos que señalaron estas personas. Se decía, entre otras cosas, que la enajenación vino por ver cómo el fruto de tanto esfuerzo mal pagado se destruía injustamente[1].

Sin duda ése fue el sentimiento del trabajador asesinado; ver cómo su trabajo era destruido sin causa justa. Pero ése es justamente el problema. Se ve el trabajo como un medio de obtención de cosas materiales. No podemos desconocer que eso es objetivo: uno trabaja, y a cambio, recibe dinero. Pero el problema no está en lo objetivo, sino en lo subjetivo: ¿cuál es el sentido del trabajo? Al parecer, eso es algo que no se cuestiona, o bien, se da por supuesto. Y la dificultad de darlo por supuesto, lleva consigo la asimilación de la descripción objetiva del mecanismo del trabajo (el realizar una actividad y a cambio recibir una remuneración) por la faz subjetiva, es decir, el sentido del trabajo. Lo objetivo del trabajo se transforma en el sentido de él. El trabajar por el dinero se transforma en el sentido del trabajo, más allá de toda otra consideración más trascendente.

El señalar como sentido del trabajo la remuneración, es una muestra de la materialización de la vida, tal como se esta llevando hoy. Se pierden las motivaciones espirituales o culturales, y se llega al materialismo en cada vez mayores esferas de la vida. Si bien la existencia del ser humano es material (al menos superficialmente), la materialidad no es lo único que conforma la realidad humana. Las manifestaciones culturales del ser humano (el lenguaje, la música, la ciencia, por citar algunas ilustraciones) dicen relación con una realidad que trasciende la mera materialidad. Consideremos asimismo la faz espiritual del ser humano; ello muestra que la existencia humana va más allá de lo material, que lo humano no es lo mismo que la animalidad, que está más allá de eso, sin desligarse, claro, del elemento material y animal (biológico, físico y químico también) de nuestros cuerpos.
El dinero no tiene otro sentido más allá de la mera materialidad. No hay en él algo que suponga un elemento trascendente, por lo que no es posible situarlo como un fundamento del accionar humano. El trabajo es accionar humano, acción humana. Las acciones humanas, más allá de las biológicamente necesarias, deben tener un sentido, que por supuesto, no debe ser material, puesto que si lo es, se niega la esencia trascendente del ser humano. Por tanto, el trabajo no debe ser fundamentado en un simple objeto material, carente de todo sentido superior.

Ahora bien, ¿qué nos lleva a fundamentar o darle sentido al trabajo en un objeto material?

El sistema de vida imperante[2], profundiza la materialización de todo lo humano. Los medios comunicacionales son un gran aliado a esta profundización. También hay varios otros hechos cotidianos que ayudan a esto. El individualismo, a su vez, es una nota distintiva de este proceso materializador.

La sociedad se estructura en base al consumo. Eso en principio no es del todo reprochable, puesto que existen varios bienes y servicios dignos de ser consumidos, debido a que tienen un sentido libertador de lo material, es decir, revierten el proceso de materialización. El problema es que en esta sociedad de consumo, no todos los bienes y servicios que se ofrecen son dignos de ser consumidos. Hay muchos bienes que crean necesidades que intrínsecamente no tienen fundamento en una carencia. Los medios comunicacionales expanden este proceso de creación de necesidades infundadas. El tiempo y actividad al final, que deberían estar consagrados a fines trascendentes, o al menos, estar fundamentados en bases superiores, se dirigen a obtener lo suficiente para consumir bienes y servicios que satisfacen necesidades insustanciales. La vida y obra del ser humano se desgasta en este proceso, hasta que no queda tiempo para pensar y hacer lo realmente importante.

La sociedad[3] de consumo ha impuesto la materialización como un criterio cultural, pero no cualquiera, sino uno que irradia a toda la organización social, y esto a su vez influye en el trabajo. De ahí que la sociedad nos condicione a materializar todos los aspectos de nuestra vida, como por ejemplo, además del trabajo, el sexo, la amistad, lazos familiares[4], la creación artística, etc.

La sociedad como ente condicionante, nos priva de la libertad de elegir bases trascendentes para nuestras acciones, puesto que su criterio es el materialismo, y en base a él irradia las mentes y los corazones de los que viven bajo su radio de acción.

Probablemente el trabajador asesinado laboraba por el dinero, tanto objetiva, como subjetivamente hablando. Ello seguramente explica lo irracional de su actitud. Las manos de la sociedad están ensangrentadas[5].

[1] No fue exactamente lo que se dijo, pero la frase empleada refleja el sentido de lo dicho.
[2] Al menos el occidental. No se quiere decir con esto que este sistema es inferior a otros, sino más bien, es materialista, lo que en una lógica conformista es menos malo que otros sistemas existentes, que se caracterizan fundamentalmente por su primitivismo y crueldad. Este primitivismo lleva a una espiritualidad mal entendida y cruel.
[3] Sociedad entendida como un ente condicionante, pero no determinante, del ser humano. Determinar al ser humano es privarlo de voluntad para que él mismo se pueda determinar. Condicionarlo es, en cambio, privarlo de la libertad suficiente para que pueda determinarse él mismo con todas las opciones posibles para ello.
[4] ¿Quién no ha escuchado de padres demandando a sus hijos, o viceversa?
[5] Ello, sin perjuicio de la aberrante actitud policial. Eso ya es otra cuestión. Su tratamiento vendrá de la mano de la crítica que podamos hacer del Estado como ente condicionante (otro más) del ser humano.

DARDO