La lluvia

por Santos


Me agrada Viña cuando llueve. Tiene un aspecto irremediablemente lúgubre en el que resaltan sus grises y cafés en invierno, pero que resplandecen al atardecer. Pero más que una mirada esteticista de la ciudad, se aprecia una perspectiva espiritual. La gente parece ser igual a la vista, es obvio que todos se abrigan para resguardarse del agua y del frío, pero todos saben que el “prójimo” también sufre de lo mismo. Me refiero a que es un momento casi místico de igualdad en una ciudad de tan altos contrastes sociales y económicos como lo es la Ciudad Jardín. Cuando aparece el viento, la gente se mira a los ojos por un segundo, agachan la cabeza y corren a resguardarse de la perversa combinación de agua-viento-frío.

Persigo resaltar el buen ejemplo de desigualdad económica que es Viña del Mar, hay sectores muy altos en estándares de vida como Jardín del Mar pero sin embargo a poca distancia encontramos a Almte. Gómez Carreño y Reñaca Alto, con ciertos niveles de delincuencia que necesitan urgente solución.

Con estas apreciaciones señalo la paradoja, que puede ser cierto que la población se una bajo un fenómeno climático recurrente al que estamos acostumbrados (por la vía de la resignación), pero ante problemas como la explotación de parte de los empleadores tales como D&S, la flagrante violación a los derechos humanos de empresas como DICOM EQUIFAX S.A., la ideologización de la información por parte de COPESA y sus aliados más grandes en el mercado de la mentira: EL MERCURIO, CHILEVISIÓN, MEGA, CANAL 13, TVN; ante la opresión estatal mediante sus armas más conocidas: ejército, gendarmería, policía; no se hace nada, nadie mira a nadie y todos buscan “obtener la mayor utilidad posible con el menor costo posible”. Ya es hora de hacer lo posible y lo imposible.


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