Por Soledad Pardo
Mal día: muchos percances, demasiado mal humor, pocas horas de sueño, el resfrío se hace insoportable, y el frío lo hace aun peor… la mochila pesa hoy más que nunca, aunque los cuadernos son los mismos que siempre. Necesito un cigarro, pero me resisto a fumar; se supone que lo he dejado, y me digo a mi misma que no por haber despertado con el pie izquierdo voy a coartar los pocos días que llevo de mi intento por llevar una vida sana. La micro viene llena, ¿cómo no? Es un mal día, no faltaba más; la paro, me subo, le pago al chofer… ¡oh no! Se me olvidó sacar el pase, ¿donde lo dejé?... está al fondo de la mochila… “al tiro le muestro el pase” – le digo complicada mientras le paso las monedas, tratando de afirmarme de donde podía, y haciendo lo que posible para hacerme caber entre la, por decirlo menos, abundante cantidad de gente que iba parada en la micro. Y entonces el micrero me mira, sonríe, y me dice “No importa, te creo”, al mismo tiempo que me pasa el boleto de $130 . Tal vez fueron cuatro palabras, tal vez el señor no lo noto, y a lo mejor, o más bien, obviamente, el resto de la micro siguió pensando lo que estaban pensando y haciendo lo que estaban haciendo, pero ese momento fue el que hizo un switch en mi mal día: no todo es malo, hay gente con buena disposición… ¡una persona que no conozco me hace un favor!... y de repente me siento mejor, empiezo a reírme sola, me bajo de la
micro pensando en puras cosas lindas. A lo mejor mi humor es muy cambiante, pero me puse a pensar en todas las cosas que podemos hacer así como el señor que manejaba la micro, con un poco de deferencia, de buen trato, y que pueden cambiar el estado anímico de alguien: hacer de un día gris el mejor de los días de verano; hacerle un favor que no cuesta nada a alguien, ni siquiera a alguien que conoces, a un extraño… si te piden cambio de mil pesos, no hacerse el loco y ni siquiera revisar la billetera; si te piden la hora, darla con una sonrisa; si vas a comprar al kiosco, saludar y no simplemente pedir el chocman sin mirar a nadie. A lo que voy es a que hay tantos detalles de los que no nos preocupamos que marcan la diferencia, que es impresionante el cambio que una persona puede hacer con el simple hecho de adoptar una actitud de buena disposición. No digo que todos andemos saltando por la vida repartiendo flores - aunque el que lo tenga a bien que se sienta respaldado para hacerlo, las flores corren por mi cuenta - pero tenemos que aceptar que la gran mayoría de las veces ni nos preocupamos de esas “insignificancias”. Es de esperar que algunos, como yo hoy, andemos de malas y no podamos hacerlo, y por lo mismo aquellos que sí pueden podrían mostrarse favorables a subirnos el ánimo. Yo me he propuesto hacerlo mañana, y el resto de los días en que mi ánimo me lo permita, y hago una cordial invitación a todo aquel que se quiera unir; una sonrisa de un extraño puede valer tanto como un abrazo de quien más amas cuando estás en un mal día; tal vez hasta sirva más… no sé por qué pero muchas veces, en esos días, los que te quieren tienden a decir cosas que hacen todo peor. Esto que planteo sería entonces como regalar abrazos, pero mucho más fácil, casi sin exigencia de esfuerzo, y con ganancias para el abrazante y el abrazado, ¿o no? El transmitir el buen humor nos hace potenciar además el nuestro; las sonrisas no se acaban por muchas que regalemos, más bien se multiplican: en nosotros y en los demás.
2 comentarios:
A mi como hombre nunca un chofer me ha dado el pase en la micro sin mostrar la tarjeta, creo q eso es discriminacion, pero tienes razon q las cosas mas insignifantes, aquellas mas habituales, aquellas q estan cada dia con nosotros con el minimo detalle puede cambiarnos la vida o quizas no nos la va a cambiar; sin embargo, hara nuestra rutina mas amena
Nunca viste cadena de favores?
muy hermosa película, básicamente trata de lo que escribiste =)
Publicar un comentario