La Neomedievalización de la Posmodernidad y la Criminalidad Chilensis

Por Diego Mandiola Grecco

Mientras observo los fenómenos, que últimamente, copan los atiborrados medios masivos de información, en lo relativo a los cultos religiosos, a la megaconcentración de poderes económicos y al siempre presente recrudecimiento de la delincuencia en los noticiarios, más, se corrobora, una idea que vengo construyendo desde hace algún tiempo.
La realidad hoy en día, muestra un pastiche, consecuente en el desarrollo de una sociedad cada vez más primitiva y vulgarizante, reflejada en dos caras de una misma moneda. Una, la faceta en que la mundialización galopante y sonante, aflora como quimera de los “tiempos modernos”, con su sociedad de la información pero no de la educación, y la otra, la globalización de los mercados a cuestas, paradigma del “momentus” tecnologizante y comprante. Un “progreso” que en su conjunto, tiende a conformar una statu quo, en el cual, los referentes políticos ligados a lógicas de mercado, van originando una “patrimonialización del feudo”, que se traduce, en reserva privada del capital económico y cultural de una elite, que se vuelca a la defensiva en vista, de una sociedad pululenta y hostil, bárbara.

Es decir, la paradoja de los tiempos modernos, es que mientras más avanzamos en la “modernización”, en los sistemas económicos que tienen relación con el auge del progreso material y liberalización del mercado, más retrocedemos en la “modernidad” de nuestras culturas democráticas. ¿Qué nos está pasando?, ¿estamos avanzando desencajadamente como un “cuerpo”-sociedad-, hacia adelante, pero con la “cara”-gobierno-, mirando hacia atrás?, ¿que significa este desencaje? y ¿por qué?.
Progresar en la Historia, además del “soporte material”, es avanzar en política, cultura inmaterial, al servicio del “bien del hombre”, del ciudadano y de la persona. Es decir, una sociedad, que avanza con organización, representación, espíritu y pensamiento, para potenciar lo que es común a todos, es decir, los derechos inalienables como “sociedad moderna”, con lo que según el Profesor Patricio Carvajal, son las cuatro generaciones de bienes en Derechos Humanos.
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La cultura política, entonces, tiene relación con aquel espacio patrimonial, que por tribal, “doméstico”, moral del mismo “cuerpo” colectivo-humano, cultivo donde lo individual se amalgama en un común denominador, el Estado-sociedad.



Hasta aquí todo bien, el asunto, es que para que ese cuerpo funcione, necesariamente, tendría que ensamblar con una “cabeza perfilada”, que dirija el rumbo, un “faro”, que, entre aguas torrentosas, ilumine el “bien común”, un Estado de derecho, y no de “pertrechos”. Entendámonos, una cosa es concebir a la sociedad como un ente “positivo” que progresa con un objetivo común, es decir, lo que hoy representado por el “libre mercado”, y otra es comprenderla desde el interés público sobre el privado.
La problemática se visualiza en torno al eje democracia-economía liberal en Chile, entre una y otra, divergencias de fondo y contenido, entre esta y aquella, disfunciones de ser y vivir en esta sociedad. Mas aún, la cosa se complica cuando el concepto “democracia” se relativiza o posmoderniza, encarnando un significado “polivalente”, es decir, puede significar democracia orgánica, económica, social, jurídica, popular y liberal.
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Es ésta última acepción la dominante hoy en día. Como comportamiento económico, “utilidad”, en cuya mentalidad de acción económica, que está dirigida a maximizar una ganancia, un interés material,
[3] nada más, y nada menos, categoría de lo útil, de lo deseado.
Hay que distinguir, aún cuando no se da en política, un comportamiento que tenga características de uniformidad asimilables a las de los comportamientos morales y económicos y quizá, esta es la cuestión: el término “político” no tiene que tomarse al pie de la letra. No indica un tipo particular de comportamiento, sino un nivel, un contexto. Los denominados comportamientos políticos, son comportamientos calificables en la misma medida que todos los comportamientos no-morales: es decir, calificables en función de aquellos ámbitos que se adscriben al “sistema político”.
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J. Althusius, uno de los precursores del pensamiento liberal en el siglo XVII, se refiere a ese “sistema”, como un espacio simbiótico, asociación de individuos distintos que viven juntos y se favorecen mutuamente en su desarrollo, simbiosis en donde “la política es el arte de unir a los hombres entre si para establecer vida social en común, cultivarla y conservarla, por ello se llama simbiótica unión. Así pues, la asociación propuesta de la política, es aquella con la cual por pacto expreso o tácito, los simbióticos se obligan entre si a comunicación mutua de aquello que es necesario.
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La “globalización”, que impera hoy en día, se mitifica como diosa “Jano”, emblema del progreso, y carro de la victoria del neo-positivismo rampante. Actúa así como bálsamo político, para justificar las acciones económicas, manipulando los intereses privados por sobre los públicos. Asi los grupos corporativistas que operan dentro del Estado, consolidan poderosas “elites” o “grupos de intereses” y van expandiendo “sus redes de patronato y sus fortunas personales”.
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Ya es más que conocido, que en Chile la riqueza del país se las dividen al menos 10 o 12 familias, que se desenvuelven en verdaderos grupos o “ghettos” económicos. Más que perder uno u otro “dinerillo”, se embarcan en “tranzas”, especulaciones de mercado, para anticipar quien dará el gancho de derecha o izquierda en las acciones de la Bolsa en día lunes. Acciones, de empresas que tras los “holdings” y “consorcios” representan verdaderos bloques Oligopólicos, en donde el libre mercado, o “mano invisible” tiende a monopolizar al “sistema político”. Asi el Estado, conforme a la lógica de los tiempos “privatiza”, bienes públicos para “neo-liberar” aún mas el mercado, y los “imput” de multinacionales y otras.
Pero, lo que no se dan cuanta, o definitivamente, no entienden, es que estos mismos mega-empresarios (y con ellos el Estado), que además de constituirse como entes “supranacionales”, de igual forma, son parte de un mismo sistema político, simbiosis, comunidad o red interdependiente de unos y otros.
Así mientras mas, se acrecienta la brecha entre ricos y pobres, entre “equidad” e “igualdad”, entre “pobreza y marginalidad”, más aumentará la cesantía y por ende la masa de población flotante, que busca trabajo en los centros urbanos o polos de desarrollo, presión y des-marginalización social que se traduce en las ya abundantes “tomas de terreno” (porque el estado no tiene la “capacidad” de sustentar el derecho de vivienda) circundando la periferia, o los “espacios” en donde, se ubican sus mega-casas, y con la consabida problemática socio-delincuencial que esto trae.
Asi en vez de rejas, tendrán que construir verdaderas “murallas feudales”, y en vez de guardias privados, tendrán que contratar eventualmente “ejércitos de mercenarios”, que (ante la ausencia del Estado por no tener voluntad política para controlar los procesos de anomia social), lidien ya no con delincuentes o “lumpen-proletarios”, sino con verdaderas hordas de “bárbaros que azotan lo común civilizado”.
Es la lógica, sistema social y sistema económico, asimilable como conducta y sistema político de hoy, deviene mi pregunta otra vez, ¿progreso o retroceso?, ¿en que siglo con-vivimos?, ¿en el XXI o la Edad Media?.
Democracia y liberalismo, más bien democracia y sistema liberal, se han confundido en sus conceptos y supuestos a lo largo de la historia. Sociedad e individuo, masificación de la política o “elitización” del mercado. Pareciera ser, que cultura política y democracia liberal se dan la mano, pero con los dedos cruzados. Pues entre la conveniencia del discurso democrático como política de Estado por un lado, opera la ganancia como interés privado, individualizado, por el otro.
Los ejemplos están a la vista, mientras más progresamos como país “desarrollado” con una tasa de crecimiento que llega a niveles “descentes”, (cerca del 5%), más ofertas de licitaciones en infraestructura vial nos agraciamos. Que importa lo de las “privatizaciones”, si gracias a ellas podemos utilizar sin contratiempo nuestro último “modelito”, las estupendas carreteras, a nivel de los países del primer mundo, están para eso. Pero mientras, más damos licencia al “libre mercado”, más nos llena de tarifas, hasta ya no poder pagar los peajes que por “barato” que sean, suman y siguen sumando, otra vez la cultura política, como ventaja de unos, y utilidad de pocos.
No es que se está, en contra de los progresos inherentes de la misma sociedad posmoderna de cual somos parte, pero otra cosa, es “pensar públicamente”, distinguir entre un estado que posee empresas que van rumbo a una regulación estatal, y la de un estado que mira el modelo del sector privado como desarrollo a ultranzas,
[7] momificado ante los “brillos” del verde papel que brinda la modernización como incremento y pero no como sustento.
Ahora bien, ante el sostenible aumento de la violencia y la criminalidad, la agenda política, suele preocuparse del problema de la delincuencia, pero la cultura política, es castigar y construir cada vez más y mas cárceles, ¿porque en vez de la tendencia de difundir la prevención, como método de educación y equidad para los más carentes de sociabilidad civil, se justifica la violencia y los medios represivos como remedio punitivo?.
Lo patético es que la realidad esta ahí, a la vuelta de la esquina, porque en vez de construir más escuelas o centros de instrucción pública, se gasta “billonadas” en verdaderos “juguetitos” de guerra como los adquiridos últimamente por el Estado chileno, para defender una política de defensa.
Mi pregunta, es ¿ante quien?, ¿cuál es nuestro enemigo ahora?, ¿un país vecino (el gas) o nosotros mismos (la riqueza)?. Para progresar, hay que revisar la historia, porque nos va dejando la huella, el sendero por donde transitar, para no caernos al despeñadero.
En el Siglo XIX ante el avance territorial de la república Chilena, la economía-salitrera, se transformó paradójicamente en “guerra del pacifico”, economía y poder, se unían con un fin, el progreso material, para conformar un ideal nacional, de “potencia” ante el enemigo externo, construcción cultural de la ya célebre frase del “vencedor, jamás vencido”. Un mito, que hasta hoy en día alienta al ejército y sus comandantes, lógica Schmittiana, al distinguir a la política como aquella a la que pueden reconducirse todas las acciones y motivos políticos, en la distinción de amigo y enemigo. Con ello, estos conceptos, adquieren su sentido real por el hecho de que están y se mantienen en conexión con la posibilidad real de matar físicamente.
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El enemigo, nuestro enemigo interno, por ejemplo, como el individualismo extremo, trasciende en Chile en “la cultura del desprestigio”, del “chaqueteo”, ¿por qué?, es un síntoma dentro del carácter del típico chileno que prejuicia, generalmente fundamentado por “habladurías” de tipo “periodísticas” u otras “fuentes”.
Es el morbo, que como “peso de la noche”, opera como tranquilizante de las demandas sociales y civiles de la comunidad política. Estatus, e imagen, como cultura “chatarra”, al no consolidarnos como sociedad civil, como política y como cultura.
José Victorino Lastarria, fiel representante del pensamiento liberal chileno de mitad del Siglo XIX, en su célebre “manuscrito del diablo”, describe a la envidia chilensis como aquella “virtud” fuertemente arraigada en el inconsciente colectivo.
Asi, “cualquiera que vea a los chilenos vestidos a la europea, con su aspecto serio, sus modales cultos, su oficiosa hospitalidad al extranjero, cree hallarse en un pueblo civilizado y cristiano, como cualquiera otro; así nos imaginamos que viven en armonía y en relaciones intimas las arañas, cuando las vemos cruzar sin estorbarse, porque no conocemos la guerra civil en que perpetuamente viven empeñadas…mas es necesario, no dejarse alucinar: así como el mayor enemigo que tiene la araña es el individuo de su especie, el chileno no tiene un enemigo más implacable que el chileno mismo. Cada uno de ellos es enemigo de todos, todos son enemigos de cada uno”.
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Categórico y visionario a la vez, Lastarria, ya a mediados del siglo XIX nos estaba alertando, de nuestros fantasmas, miedos, desconfianzas, “valores” internos para la practica de la utilidad y beneficio privado, y para la malformación de nuestra elite, que como aristocracia-latifundista, cosmopolita y “globalizante”, le da vuelta la cara a su cuerpo nacional, mestizo, chileno.
Asi este grupo económico pone en acción todos los medios sociales en cuanto le conviene a su defensa y conservación: arrogándose la tutela del pueblo, manifiesta, desear mucho progreso, pero no hace jamás por él todo lo que desea…posesionada como está del gobierno, muestra propender al engrandecimiento y respetabilidad de la nación, pero cifra el engrandecimiento en el orden, y hace consistir el orden en conservar todo lo que existe, en no reformar y en no admitir nada nuevo ni en ideas, ni en administración, ni en política, ni en personas.
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El hombre aprendió lentamente, a través de siglos, a romper la síntesis absoluta que constituía su mente, y a adoptar conceptos disociados de él mismo y de la mentalidad colectiva que lo rodeaba protegiéndolo, pero también limitándolo y aprisionándolo
[11]. Son estas fuerzas las “celdas” de poder, las que nos encierran u obnubilan en perpetuar modos y comportamientos anacrónicos a los progresos técnicos y modernizantes de hoy, pero es desde nuestras sociedades, en donde la libertad de entendimiento y el cultivo, la simbiosis política, la que nos otorga el significado histórico del hombre por el hombre, del ciudadano por la persona, y del individuo por la sociedad.

BIBLIOGRAFIA
1.-Althusius, J, Politica, (Lib.I)
2.-Bianchi, Robert/Sherrie, Kossoudji, Interest Groups and Organizations as Stakeholders, Nº5, Junio, 2001.
3.-Blázquez, Feliciano, Diccionario de las Ciencias Humanas, Ed.Verbo Divino, España, 1997.
4.-Lastarria, Jose Victorino, El Manuscrito del diablo, en, Hernan Godoy, Estructura Social de Chile, Universitaria, Chile, 1971.
5.-Mellafe, Rolando, La Memoria de la América Colonial, Universitaria, Chile. P.78
6.-Schmitt, C, El concepto de lo politico.
7.-Sartori, Giovanni, Elementos de Teoría Política, Alianza, Argentina, 2002.

[1] Es decir, en lo político, la libertad de conciencia; social-económico, el Derecho al trabajo, educación, salud y vivienda; en lo cultural, salud mental de las personas; en lo etico-(medioambiental), relación con la sustentabilidad como bien garantizado por toda la población, y por ende, no pactable con el interés económico primitivista.
[2] Blázquez, Feliciano, Diccionario de las Ciencias Humanas, Ed.Verbo Divino, España, 1997.P. 103
[3] Sartori, Giovanni, Elementos de Teoría Política, Alianza, Argentina, 2002, P. 214
[4] La noción de sistema político, según G.Sartori ha sido profundizada y teorizada por D. Easton, especialmente en A Franmework for Political Análisis, Englewood Cliffs, Prentice Hall, 1965 (trad. Española, Esquema para el análisis político, B.Aires, Ed.Amorrortu, 1969), y A Systems Análisis of Political Life, N.York, Wiley, 1965. Cfr. G, Urbani, L’analisi del Sistema Político, Bolonia, Il Mulino, 1971, ver nota, Ibidem. P.215
[5] Althusius, J, Politica, (Lib.I)
[6] Bianchi, Robert/Sherrie, Kossoudji, Interest Groups and Organizations as Stakeholders, Nº5, Junio, 2001.
[7] Bianchi, Robert/Sherrie, Kossoudji, Interest Groups...op.cit. P.2
[8] Schmitt, C, El concepto de lo politico.
[9] Lastarria, Jose Victorino, El Manuscrito del diablo, en, Hernan Godoy, Estructura Social de Chile, Universitaria, Chile, 1971. P.193
[10] Ibidem.P. 198

[11] Mellafe, Rolando, La Memoria de la América Colonial, Universitaria, Chile. P.78

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