Por Diego Mandiola Grecco
Historiar la evolución en que Valparaíso, pasa a ser de una aldea infante, a un puerto de administración comercial, conforma un proceso sinuoso y de complejo peregrinar. Sin embargo, en el tiempo largo, que abarca 300 años desde su fundación, podemos distinguir cuatro momentos “virtuosos”, que reflejados en perspectiva, registran los antecedentes políticos-administrativos, claves, para ir encontrando, la hebra de la madeja, una senda de estudio de historia regional, que aún falta por construir en su conjunto.
Asi pues, el periodo que comprende entre el siglo XVI y la primera mitad del siglo XIX, distinguimos una secuencia fundante, momentos relevantes, que le van otorgando al puerto, una “investidura” política. Actos, que simbolizan los puntos cardinales, en los cuales, podemos visualizar las “luces” de aquel legado institucional –en el sentido más amplio-, que entrega este puerto del pacifico sur-oriental, como ciudad y Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Un primer momento, lo situamos en los albores del descubrimiento de Chile. En que el navegante genovés, Juan Baustista Pastene, se encuentra con el Valparaíso que había descubierto el capitán Juan de Saavedra unos diez años antes, en 1536. Ya, por aquellos tiempos, el Gobernador del momento, Pedro de Valdivia, le concede la carta de fundación en 1544. [1] Nace así, oficialmente, Valparaíso, para el reinado de Carlos V, claro está, en términos y jurisdicción de la ciudad de Santiago, o más propiamente de Quillota, bajo la dependencia de cuyo teniente de corregidor se mantuvo durante más de 150 años.[2]

La concentración de extenuantes campañas de conquistas en el sur, alentaban el desarrollo de puerto ligados a las primeras fundaciones de ciudades como Valdivia y Concepción. El paso del la “guerra ofensiva” a “defensiva”, que implicó el desastre de Curalaba en 1598, le imprimió al puerto de Valparaíso un nuevo status en la capitanía.
Por esos momentos, el arribo de autoridades del Virreinato, como el Gobernador Juan Jaraquemada, ya desembarcaban en una caleta con un incipiente caserío, pobre y triste, en palabras del gobernador: “yerma con una sola iglesia pajiza, sin persona que la mirase”. Ante el panorama de miseria y desolación que presentaba, decretará el 4 de Marzo de 1611, al capitán Pedro de Recalde, por corregidor de él, y le comisionó, para echar los cimientos de una ciudad que habría de intitularse “Valparaíso de Montes Claros”. Lo faculta para repartir solares y chacras, a los que desearan avecindarse y le concede además, el cargo de “Alcalde de Mar”, título que anteriormente se había entregado, esporádicamente, sólo algunos sujetos para que vigilasen los embarques y desembarques de mercancías y registrar los navíos que surtían al Perú.[3]
Las Indias Occidentales, por aquellos tiempos, -como eran conocidas las tierras al Oriente de Europa-, eran una importante ruta interoceánica de comercio, de materias primas de primera necesidad y también suntuarias. Las colonias, eran los asentamientos que conectaban con el vasto Imperio hispánico. El oro, el trigo, el sebo, el cáñamo, viajaban por los océanos en Galeones y Bergantines que iban y venían desde el centro del Imperio. [4]
El acérrimo monopolio comercial que instaura el reinado hispánico, alentará el siempre incontrolable contrabando, y el asedio de eximios navegantes que para Castilla, se convertían en los corsarios y piratas. Aparecían así, en el horizonte del pacifico, Francis Drake y Joris Van Spilbergen, -entre otros-, Ingleses y Holandeses, que de pasada por estas costas, aprovechaban de “abastecerse” en los incipientes poblados que concentraban las fundaciones coloniales.
Ante los hechos, y como respuesta a la insolencia nórdica, el Virreinato del Perú, de quien dependía la Capitanía General de Chile, manda a este puerto ocho cañones de bronce con su respectiva cureña, para que sirvan como principal defensa de baterías y fuertes en lo alto de las colinas, especialmente en la Concepción y el cerro cordillera. Nacen así los fuertes ubicados en el paseo Atkinson del Cerro Concepción, y el fuerte San José, hacia 1692, época en que Valparaíso se convierte en corregimiento o partido de Quillota, claro está con mandato subordinado al estricto cumplimiento de las órdenes emanadas de la Capitanía General.
Consignamos así el segundo momento, cuando este puerto, en razón de los mandatos de Ortiz de Rozas y Amat pasa a conformarse como “plaza de guerra” administrada por un Gobierno político militar, cuando habiendo el coronel Joaquin de Alos Bru, ultimo gobernador que tuvo Valparaíso, hecho dejación del cargo, la Junta Provisional Gubernativa del Reino expidió en Enero el titulo de Gobernador Político Militar, al capitán del Real Cuerpo de Ingenieros Militares, Don Juan Mackena O’Reilly.[5]

La administración de este gobierno regional, que dicho sea de paso, ejerce autoridad desde el siglo XVII hasta fines del siglo XIX, concentrará una plaza de guerra, junto con además albergar a ordenes religiosas, como los agustinos y franciscanos, que misionaban en los confines del Imperio, por ello Vicuña Mackenna, -el gran descubridor del Valparaíso Indiano-lo llamó como “un pueblo de frailes y cañones”.
El aspecto colonial, militar y religioso, que hacia fines del siglo XVIII se visualizaba, comienza a desaparecer, con la instauración del régimen intendencial hacia 1786, que va consolidar la aduana subalterna de Santiago, bodegas arrendadas que cobraban algunos derechos e impuestos por cuenta del rey, así, detectamos un tercer acto.
Un destacado gobernador Ambrossio O’Higgins, padre del futuro emancipador republicano, fundará en 1791, el esperado cabildo, que se encomendará hacia 1802, -como órgano descentralizado representante de la comunidad-, a la patrona de la ciudad a “Nuestra Señora Santísima Madre de las Mercedes de Puerto Claro de Valparaíso”. Nombre que le otorgaba el carácter sagrado con que se consagraba este puerto. Posteriormente, en Valparaíso, se construían iglesias y catedrales que albergaban en sus territorios distintos cultos religiosos, el Católico, Anglicano y Luterano, es decir, en un mismo cerro, tres religiones, lugar de tolerancia religiosa.
Para comienzos del siglo XIX, con el Régimen de Intendencia (Santiago-Concepción), consolidará el comercio de cabotaje nacional, con lo que, el gobierno, creaba la primera Autoridad Marítima, clave en la conformación de la Marina Mercante Nacional, y cuarto hito político. Son momentos en que el puerto, adquiere especial relevancia en la independencia, especialmente con la gestión del gran gobernador, José Ignacio Zenteno, en la creación de la marina militar, conducente a la primera Escuadra Nacional de B. O’Higgins.
El aumento de la población, -cosmopolita y rural-, le otorgará un cariz de ciudad-puerto de Chile para el mundo. La ciudad luz, vendrá a configurar en el transcurso de los 70 años desde los comienzos del siglo XIX, por su importancia en el comercio nacional y su aporte cultural continental,-periodístico literario-.Una ciudad con su propia elite comercial,[6] que se empinará ya como principal urbe de la república de Chile, incluso, por sobre Santiago.
Bibliografía.-
*Calderón, Alfonso, Memorial de Valparaíso, Chile, RIL, 2001.
*Castagneto, Piero, Historia de la marina mercante chilena, 1541-2006, Asociación Nacional, de Armadores *de Chile.
*Cobos, Maria Teresa, (et al), Valparaíso 1536-1987, UCV, Valparaíso.
*Lorenzo, Santiago, Vida, costumbres y espíritu empresarial de los porteños, Ed. Inst. Historia PUCV, 1995.
*Morales, Manuel (et al), Valparaíso, Lugar de Origen (1536-1936), Editorial Gráfica, Valparaíso, 1997.
[1] Diaz, Meza, El almirante Pastene, fundador de Valparaíso, en: Alfonso Calderón, Memorial de Valparaíso, Chile, RIL, P.15.
[2] Morales, Manuel (et al), Valparaíso, Lugar de Origen (1536-1936) Editorial Gráfica, Valparaíso, 1997. P.12
[3] Cobos, Maria Teresa, El Gobierno Politico Militar de Valparaíso, en: Valparaíso 1536-1987, UCV,
[4] Castagneto, Piero, Historia de la marina mercante chilena, 1541-2006, Asociación Nacional, de Armadores de Chile.
[5] Cobos, Maria Teresa, El gobierno…Ibidem.P.13
[6] Lorenzo, Santiago, Vida, costumbres y espíritu empresarial de los porteños, Ed. Inst. Historia U. Católica de Valparaíso, 1995.
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